Post-Navidades & Happy New Sorority year

girlpower-1080x690Las navidades tal y como las vivimos aquí en España son una suerte de bucle del que parece que nunca vas a conseguir salir, eso que se llama el Never ending Christmas, pero con Los peces en el río de fondo. Es un fenómeno casi paranormal, como cuando te subes en una montaña rusa y, pese a que vas disfrutando como loca con los brazos extendidos y la sonrisa desfigurada, casi fuera de tu cara, no paras de repetir hacia dentro ¡¿pero cuando —- se para estooooo?!
Estas han sido las primeras Navidades conscientes de la niña, que ya tiene 4 y pico. Dada mi naturaleza complicada, y teniendo en cuenta que soy una de esas hipermadres que trata de convertir una tarde con su hija en una experiencia inolvidable, para compensar las ausencias derivadas de la vida laboral y urbana de una madre, pues, tiendo a desfondarme en Navidades, hasta el punto de necesitar otras vacaciones extra, para recuperarnos, de los caballitos de Serrano, las bajadas a la Plaza mayor, el circo de Hielo, los reyes frenéticos, la tensión terrorista, las tres pelis de Disney de turno, las chocolatadas con churros, el afther our de niños y bebés en el que acababa cada celebración, el dolor de tripa, la resaca de polvorón y la necesidad absoluta de tener un ratito aunque sea pequeño para una misma. Pero, quien lo duda, la navidad con toda su frenética actividad, es maravillosa, Señorías, porque nos permite valorizar la vida rutinaria. Qué bonito es que vuelvan a dormir as u hora, a comer tortilla francesa y a aburrirse de hacer lo de todos los días. Qué bonito (¿verdad mamis?), volver al cole y a ballet y a ver una serie mientras se duermen todos después del baño, a su hora. Pero no seamos injustos, esa expresión coleccionable de tu hija, cuando frente el árbol atiborrado de regalos, grita eso de ¡”Mamaaaaaaa han venido los reyes, no te lo vas a creer!!!!, es un revulsivo natural que te pone en paz con los esfuerzos extra de la maternidad. Me quejo mucho de las Navidades, pero es una bendición vivirlas buscando la última muñeca Disney de tienda en tienda, sin pisar urgencias, médicos o comisarías. Al final es una pechada de amor y tensión familiar una mezcla difícil de ordenar, pero vamos que nos nos aburrimos y al menos el mundo se baja por un ratito a la altura de los niños, que no es poco, dada su naturaleza adultocentrista. Mi día favorito de la Navidades, –después de  la noche de reyes–, es el día que inauguramos el año. El día de los propósitos en blanco, porque nos da la oportunidad de reiniciar, refrescar y rehacernos. Es mucho más laico y luminoso, de hecho suele amanecer con el aspecto brillante y almidonado de una camisa nueva. Este año, presiento –como cada Enero– que van a ocurrir grandes cosas, le digo a mi pequeña Jota,”vamos a ser felices, porque lo hemos decidido y vamos ayudarnos entre nosotras para que así sea”. Esto se lo digo, mientras ella vuela por la casa con el delantal de cocina, a la espalda, ahora convertido en capa. ¿Quien eres?; le pregunto: Soy la súper héroa chica. Así que, Señorías estamos de celebración, celebramos el fin de las navidades, el principio de un año que nos ha sido regalado para que hagamos algo mejor con él. Una camisa nueva para vestir las ganas que tenemos de vivir más relajadamente en un nuevo escenario recién estrenado que no nos lo pone fácil, pero no deja de ser un reto. El nuevo escenario es la incertidumbre y el nuevo súper poder, la capacidad de adaptación.  Nos adaptamos a las navidades, igual que nos adaptamos a la cuesta de Enero y ése, es el nuevo súper poder, saber que lo único seguro son los cambios y que los podemos afrontar con el delantal/capa. Que hay que agradecer todo lo que tenemos en lugar de quejarnos de lo que nos falta. Y ese es el punto de partida ideal para SEGIR CON LA LUCHA. Porque que da mucho por conseguir, por un mundo mejor y más justo especialmente con nosotras las mujeres, madres, hijas, chicas, licenciadas, jefas, empleadas, artistas, abuelas, maestras, coleccionistas, supervivientas, princesas, embajadoras, luchadoras de sumo y compañeras del metal. Aún queda mucho por conseguir y no sólo en el tercer mundo, aquí también, parece que sí, pero NO y eso lo hace todavía más difícil. Pero nuestro poder sigue estando en nosotras, las respuestas las tienen las propias mujeres. En lugar de pisarnos la manguera, expresión tremendamente masculina que pone de manifisesto que seguimos viviendo en un mundo de hombres al que nos tenemos que adaptar, propongo, iniciar el Primer Año Internacional de la Sororidad http://www.adforum.com/creative-work/ad/player/34540152/doctor/amcv, porque ser una chica, sigue siendo una condición maravillosa, un orgullo y un súper poder, que, como dijo Spdiderman: Todo gran poder supone una gran responsabilidad.

Va por ustedes, Señoras.

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El primer paso es hablar con él.

bebe-pisa-chuecoEso me dijo mi homeópata  cuando le dije que en la SS me habían dicho que le bebé esta bajito de percentil y que había que poner ojo a eso de que  no gateaba ni se había lanzado a caminar.
–Habla con él –me dijo mi homeópata, mientras yo me laceraba con la culpa, sí la de siempre, la maldita culpa, no me culpen por favor –esto suele pasarle –añadió– a los niños que han estado en la UCI neonatos, ya sabes, que han tenido un aterrizaje forzoso al llegar, y lo que suele suceder, es que perciben el mundo como lugar poco acogedor. El choque es tan grande, que pierden la confianza en la vida, así que habla con él. –Toma ya, espera que me repongo–. Encima, como has empezado hace poco a trabajar, los bebés construyen su confianza al rededor de la mamá y cuando te vas, el mundo se agujerea de nuevo y caen en esa angustia que atravesaron cuando os separaron al nacer; Querida, no hiperventiles, aunque no es grave, a veces los niños tienen hasta que volver a nacer.

–Volver a nacer –digo yo. Sí, pero empieza por hablar, verás que es mágico, luego iremos a eso, hay hasta rituales de cerrada para cerrar ceremonias inconclusas como nacimientos, partos, es muy reparador. Y por supuesto nada de lacerarse, volver a trabajar es responsable y tú además te has tomado hasta los 15 meses para estar con él, eres una privilegiada y él lo sabrá, en cuanto se lo cuentes.
Y eso hice. Me tumbé en la cama, después del baño y mientras le daba un masajito, mirándole hasta el final de esos ojos abiertos al mundo, empecé a contarle lo importante que es que mamá trabaje, lo bonito que es, de hecho para él, porque gracias a eso tenemos una casa preciosa y ropita y cole para su hermana y vacaciones en la playa. Lo bien que le cuida su abuela, porque mamá no le dejaría con cualquiera, y que sobre todo y ante todo que MAMÁ ESTÁ SIEMPRE CON ÉL, AUNQUE NO ESTÉ. Porque lo cierto es que estoy en todo momento, por dentro, conectada con él (y por supuesto pidiendo que me manden fotos por whatsapp hasta las 4 que llego a casa). NO es fácil la adaptación de los niños a este mundo cuando pasan estas cosas, pero hablar, Señorías, hace milagros. Llevo dos semanas hablando con él, explicándole cada cosa, no he vuelto a irme sin despedirme para evitar que llore y no he dejado de contarle lo maravilloso que es vivir. Que se puede confiar en la vida, que el sol sale todos los días y que siempre voy a estar para ayudarle, acompañarle y sostener su confianza. Hemos hablado de amaneceres y de olas de seis metros, de auroras boreales y estrellas fugaces y de que no hay nada tan maravilloso como caminar descalzo por el milagro de lo cotidiano Y, señorías, ha funcionado, ayer el niño dio sus primeros pasos del sofá al banco de salón y luego, para rematar la jugada paso toda la tarde gateando. Quizá sea todo un poco desordenado, pero está sucediendo en un orden perfecto. Está comiendo, está entendiendo y ha empezado a caminar en dirección a sus sueños, haciendo eses, como todos. Yo no le cojo de la mano, sólo le sostengo con mis palabras, con mi ánimo y mi presencia constante, porque incluso cuando no estoy, sigo estando. Y la que está renaciendo, desandando lo andado y aprendiendo a poner un pie detrás de otro, soy, definitivamente yo.

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¡Corre!

Señorías, puedo escuchar a la concurrencia rumoreando, “esta lo ha dejado… no volverá a escribir un post nunca más… es que, claro,  dos hijos, más lo suyo, es mucha tela”. Y…

Origen: ¡Corre!

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¡Corre!

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Señorías, puedo escuchar a la concurrencia rumoreando, “esta lo ha dejado… no volverá a escribir un post nunca más… es que, claro,  dos hijos, más lo suyo, es mucha tela”. Y estaba a punto de darles la razón a todos ustedes, cuando he sacado fuerzas de flaqueza y he dicho, no. No hay que renunciar a todo lo que eres, sea lo que sea que eres, sólo por que tengas dos hijos, un trabajo, un marido peleón, un virus tras otro, plancha de dos meses, vacunas pendientes y folios y folios que llenar de autocomplacencia, culpa, amor y ternura para compartirlo con el mundo. Y es que todo aquel que te diga que “dos hijos” es pan comido, vamos, poco más que uno –a mí me lo dijeron–, es otro de los que quiere hacerte de su equipo y cuando estas atrapado por segunda vez en Babyjail, te dicen eso de “sí es verdad es más del doble de curro”, uf lo recuerdo tremendo. Para contestar rápidamente, a modo de compensación, “eso sí es más de doble de amor”. Sí a todo, Señorías, pero mientras estás enfangado en tus noches sin dormir, tu lucha contra los virus, tu pelea con la conciliación, tus vaivenes con tu santo y encima (redoble de tambores), te deja la cuidadora nada más incorporarte al trabajo, con un bebé de 15 meses, sólo puedes buscar en el gps el camino a Ikea para comprarte un cuchillo que sirva para cortarte las venas. Y de paso unos baberos y una luz de esas para su cuarto y por supuesto, servilletas.

Esa es la realidad de una madre que pretende enterrar el cuchillo y hacer las paces con el mundo cada mañana, en nombre de la conciliación y sobre todo para no oírse a ella misma, hasta que se encuentra con la primera en la frente, que suele ser al poco de levantarse y empieza la guerra y de paso, la carrera.

Cada día es una batalla que hay que librar para no perderte, por los motivos equivocados, el presente de sus hijos y salir indemne. Y cada noche, cuando los has acostado, un triunfo personal a la altura de poner un pie en la luna con unos zapatos de Prada y, eso sí, la lengua fuera.

Hay días que se me olvida vivirlos, sólo puedo sobrevivir a ellos con la vista puesta en el horizonte de los DOS años a modo de pica en Flandes, como si este tiempo delicioso y agotador a partes iguales, que supone criar bebes por duplicado, fuera a volver en un futuro cercano.

Entonces, cuando se duermen, después de las pertinentes celebraciones, me desplomo en el sofá y cae la culpa del techo a modo de telón. Es entonces cuando me arrepiento de habérmelos perdido, de haberles despachado rápido, porque estoy demasiado cansada de vivir en guerra a toda prisa. Entonces me horrorizo de escucharme repitiendo cada rato la palabra corre. “Venga corre ponte las zapatillas, vamos corre al parque, vamos a bañarnos, corre, venga corre dale un beso a papá y corre a dormir que mañana hay cole, corre, corre, corre, que estoy que no puedo más”.

Pobres hijos nuestros que suben y bajan del coche, como si les persiguiera el coyote. Pobres padres que viven con seis frentes abiertos y sólo sueñan con el final de día, a ver si con suerte pueden ver Juego de Tronos, perdiéndose aquellos años maravillosos, que es la primera infancia de sus hijos, y pobres ustedes, Señorías, que sin comerlo ni beberlo se han comido esta perorata, que como no me da tiempo a releer porque tengo prisa, ha resultado de aquella manera, pero por lo menos lo he conseguido, he escrito un nuevo post.

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mi madre

IMG_6351Fueron suyos los primeros tacones que me puse, me sobraba medio pie, pero aún así yo andaba como Naomi Campbell en la NY Fashion Week del 97, ser mi madre se sentía maravilloso. Desde entonces no he dejado de serlo, de ser mi madre. Son suyos la mayoría de mis gestos, la sonrisa y las manos. Suya es mi alegría, mis ganas de vivir, de tirarme a todas las piscinas, de subirme a todos los trenes y salir disparada lejos, si es posible en Concorde hasta la luna misma. Mi madre, ya se lo dije con 4 años en la cocina de la calle de la Palma, es una caballo dorado que dispara flechas de fuego al sol y sí, estoy orgullosa de estar cometiendo no los mismos, sino otros fallos en la crianza de mis hijos, que serán del mismo calibre, con la mejor de mis intenciones y esa sonrisa suya que ahora es mía y todo lo puede. Mi madre es mi mejor consejera y a veces también la peor, mi ONG, mi paño de lágrimas, mi punch de boxeo, enfermera, cuidadora, cocinera, psicóloga, clown de mis hijos y hasta prestamista, lo hace todo y todo es TODO, por nosotros, por eso y de este modo tan modesto, he decidido hacerle un pequeño homenaje en este pedacito de internet, porque las madres se lo merecen TODO y se lo decimos muy poco. TE QUIE RO MAMA no dejes nunca de darme la brasa, regañarme por ir descalza, aconsejarme que me tape, abrazarme con besos de abuela, hacerme croquetas de jamón y darme consejos de madre que caen como cubos de agua, no podría vivir sin ellos. Gracias a ti tengo un modelo maravilloso para seguir  descalabrándome por la maternidad, porque ya he visto que con usa sonrisa, mucho valor y la mejor de las intenciones al final siempre sale todo bien, y si no, como dices siempre tú, es que no era el final.

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El Mundo


Telmo tiene el mundo en sus manos. Ha descubierto que cabe en su manita y puede hacer lo quiera con él. –El mundo es tuyo, le digo, y él se lo cree: Es su pequeño poder. Él todavía cree. Puede contemplarlo, rebotarlo contra las paredes, tirárselo a su hermana, chuparlo, rodarlo y por supuesto mejorarlo. –El mundo es un lugar maravilloso, le digo mientras apago las noticias de ayer, metiendo bajo su alfombra de juegos lo que pasó en Niza o en Ankara, las opiniones de Donald Trump, el agujero de la capa de Ozono y lo que  se le hace con los  genitales femeninos en 28 países de África. Entonces sonrío sólo de puertas para fuera, mientras me pregunto si la palabra correcta sigue siendo “maravilloso”. Telmo juega con el mundo, se lo pasa a su hermana y lo vuelve a coger, es su pequeño poder. Entonces abro la cortinas y dejo que el sol inunde nuestro salón, pongo Just Like Heaven de los Cure y  los agujeros de la palabra maravilloso se rellenan con las primeros acordes y las risas de Telmo y su hermana, que propone jugar a pintar con las manos, –¿Pintar qué?, le digo. –Un mundo más bonito que este, responde muy seria, un mundo con dibujos animados y macarrones de chocolate, un mundo rosa y naranja. Les miro, tienen una dura labor por delante, arreglar este lugar llamado Tierra, que les estamos dejando, porque cuando descubran lo que pasa ahí fuera se les va a romper el corazón. Por eso estoy aquí con ellos, para conseguir que nuestro pequeño mundo, al menos, sea maravilloso. Por eso me reduje la jornada, me cogí una excedencia y renuncié a más de la mitad de mi sueños personales, para que algún día ellos tengan las armas, para enfrentarse al gran mundo y hacer algo en la medida de su indignación, algo por rellenar los agujeros de la palabra maravilloso. Quería ayudarles, regalarles una guía, iluminar otro camino, la cara B del single, porque si hay algo verdaderamente milagroso en este shitty world, son las personas. El mundo quizá esté jodido hijos míos, pero quedamos las personas. Sólo hay que hacer un recorrido por las fotos de tu vida. Las personas que pasan por tu biografía dejan huella, como pasos en la arena, y es justo ese camino, el que conduce a un mundo mejor, lleno de luz y de poemas anónimos, de palabras y sobre todo de hechos. Una aquarela, que como decía Toquinho,  descolorirár.

Dedicado a Luiz Carlos que llenó nuestra vida de colores maravillosos y dejó un mundo para que sigamos coloreando. In memoriam.

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enfermeras buenas y enfermeras diabólicas

imagesNada, que no me quito el cartel de primeriza. (Me cuelga del cuello junto el de: we are open 24h). Pero ahora soy primeriza de dos y sigo cometiendo los mismos primeros errores de toda primeriza. Empiezo a sospechar que con hijos siempre se es. En fin, que nos hemos ido a vacunar y, por ahorrar en paseos y atascos y unificar criterios, se me ha ocurrido pinchar a los dos juntos al centro de vacunación del General Oraa. Y, señorías, ha sido una pésima experiencia. Lo primero que me ha soltado una enfermera del antiguo régimen es que “eso” (y con “eso” me refiero a dar de mamar) no se hace aquí, que hay una sala para “eso” (dar de mamar a mi bebé), fuera, allí donde no pueda incomodar a nadie, cerca de Mordor. No soy una fundamentalista, pero muy educadamente, le he explicado, que es que soy de Marte y en mi planeta a los niños les damos de mamar hasta los dos años, que nuestra asociación de pediatría lo recomienda y lo hacemos a menudo, muchas, famosas marcianas incluidas, que me perdone, pero no sabía que “aquí” estaba mal visto alimentar a tu hijo de la forma más óptima, que es como dicta mi naturaleza. Me excuso educadamente, pero sigo dando de mamar, teniendo en cuenta que no hay nadie más en la sala y busco un pañuelo para taparme, excusándome porque no pensaba que pudiera incomodar a ningún terrestre. La tía me pone cara de póker. Me indica que me acerque con el bebé. Saca las tres agujas y elevando el tono hasta el de todos los dictadores de este mundo, desde su posición de sargenta de la clínica de general Oraa, empieza a dar órdenes como si estuviera dirigiendo la evacuación del Titanic. –¡Coja al niño!, ¡sujétele!, (El niño claro, se acojona).– ¡Verá que se pone a dar patadas, sujétele bien señora, por dios, con fuerzas!. Al niño no le ha pinchado y ya está llorando como un loco. Me voy a levantar  y se la clava la muy perra. Parecía Glen Close persiguiendo al señor Douglas, la misma saña, la misma cara de sádica. –¡Que lo coja le digo!. –Oiga mire, le respondo, ¿no ve que el pequeño está sufriendo?. –Todos lloran, me suelta desde el fondo de su área cavernosa. Por no empeorarlo, le abrazo, le beso y le digo a la bruja del Este. –Pínchele la última por favor y nos vamos. Cojo a mi pequeño mar de lágrimas y le beso y le acurruco y como el pequeño busca el pecho, ahí mismo le pongo al pecho mientras mi pequeña (le hermana mayor) se me agarra a la pierna como diciendo yo ahora paso. –Ahora tu, dice la bruja. Y yo le respondo que le va a vacunar la otra enfermera, la buena, la rubia, la que está a su lado, si no le importa, porque no va a poner sus manazas encima de ningún otro hijo mío, ya se hunda el Titanic. Le hecho una perorata sobre donde acaba y empieza la libertad de cada uno, citando a Eric From, a DR Sears y al Presidente de la Asociación Española de Pediatría, que resulta que es mi pediatra, y me voy con mi teta fuera, como si fuera la libertad guiando al pueblo,me monto en mi barca y me voy con Delacroix escuchando a los Sex Pistols y diciendo a contraluz: “A Dios pongo por testigo que en cuanto llegue a casa voy a escribir un post, que te vas a cagar bruja maldita, no vas a volver a tratar a otra madre así, vete a infantilizar al tío que te paga, ah que soy yo, pues eso, que se nos trate con RESPETO señorías, una palabra que debería sujetar la vida de cada ser humano, empezando por su infancia”.

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“Derecho al placer”, la tierra prometida

1200.jpgNo hace tanto que las mujeres éramos ciudadanas de segunda división. Sometidas a la voluntad del patriarcado, no podíamos votar o abrir una cuenta bancaria y los hijos eran patrimonio del esposo de turno, junto con nuestro cuerpo, que se adquiría bajo contrato matrimonial. Vivíamos mutiladas en todos los ámbitos del intelecto y el placer, en un estado muy cercano a la esclavitud. Gracias a esa lucha a corazón abierto que protagonizaron aquellas valientes sufragistas, nosotras, hoy, podemos votar, disfrutar de la sexualidad y trabajar como hombres. Y ahí radica el GRAN problema. Ellas llegaron lejos, pero no lo suficiente para entrar en la tierra prometida. La tierra prometida está en el norte, concretamente en los países escandinavos. Las mujeres actuales de aquí, nos dedicamos a trabajar como hombres cobrando como mujeres y sufriendo el stress de la maternidad, exhaustas, como si fuera un estado crónico de la mujer, un sino de nuestro género.

Mal, lo mires por donde lo mires.

ENTONCES SEÑORÍAS:  ¿Porqué a nadie se le ha ocurrido que a lo mejor podemos ser infinitamente más felices y productivas si en lugar de trabajar como un hombre trabajáramos como… ¡una mujer!?

A la clase política y empresarial se le llena la boca hablando de la IGUALDAD, pero es como si intentaran decir Pamplona con un polvorón en la boca y una copa balón en la mano. La igualdad está más pasada que la lycra. Los tiempos modernos, Señorías, requieren hablar de la DIFERENCIA. Todavía es raro ver mujeres en puestos de decisión, y cuando alguna llega, hay una rastro de renuncia y dolor en su mirada, que ni ella misma es capaz de reconocer. Y aún así ole sus huevos, porque a ellas, como a todas, les habrá costado –excepciones a parte– el doble de esfuerzo y la mitad de pasta.

La buena noticia es que el cambio ya está en marcha–por algo somos tías–. Las mujeres de mi generación al llegar a la maternidad nos estamos  dando cuenta de la GRAN FARSA: Y es que el mercado laboral no nos encaja por ningún sitio, es un traje de tweed y nuestras caderas están a punto de estallar. Vivimos sofocadas, frustradas, ahogadas y cagándonos de culpa. No llegamos a nada, y nos mordemos la laca de las uñas de pura envidia cuando, en Salvados,  las rubicundas suecas nos restriegan lo bien que lo hacen allí con sus dos años de baja para criar minisuecos, que luego así salen de hermosos y majos, uno de los pueblos más conscientes y avanzados del mundo, mientras ellas prosperan en el mundo laboral.

Se necesita construir un nuevo modelo de trabajo basado en la DIFERENCIA. Somos muy rápidas, podemos hacer más de una cosa a la vez y se ha demostrado que nuestro coeficiente y resolución, nos convierten en los mejores trabajadores de la cuadrilla, ¿qué necesitamos además de una equiparación de sueldos y un portátil decente?, que se le haga un hueco a nuestra maternidad, ¿Por qué?:

PORQUE TENEMOS DERECHO AL PLACER. SÍ SEÑORIAS.

“Al placer” es la última de nuestras grandes conquistas femeninas, ya nos pasó con el sexo, ahora le toca a la maternidad. La mayoría de mujeres que conozco, abogadas, arquitectas, cirujanas, profesoras, creativas, ingenieras, amas de casa, periodistas, actrices, directivas, deportistas, juristas o le que les salga del susodicho ser, están en crisis con su maternidad, ¿porqué?, porque han descubierto que de todas las actividades de su vida laboral, no hay nada comparable a llevar una vida por debajo de la piel, parirla y criarla. ¡TOMA YA PATRIARCADO!. Hace unos meses hice una investigación con un grupo de 50 madres, 50 profesionales como la copa de un pino, cada una viviendo su maternidad como puede y su carrera como le dejan. Todas con la lengua fuera. Las conclusiones además de demostrar que son unos seres humanos excepcionales, que necesitan unas mechas decentes y una semana de spa, fueron las siguientes: Criar un hijo es un proyecto personal que compite con cualquier obra pública, humanitaria o social, porque es un reto delicioso y emocionante equiparable a descubrir la vacuna del cáncer o poner un pie en la Luna. Que estamos fascinadas. Que no nos lo esperábamos. Y que estamos SOLAS.

Las mujeres estamos descubriendo que nos encanta dar el pecho, dormir, cuidar y cantar nanas a nuestros preciosos “proyectos personales”. Que nos preocupa su alimentación, su educación, su autoestima y su felicidad y no estamos dispuestas a que nos lo arrebate el puto patriarcado con su traje de tweed, porque NOS FASCINA. Sí, Y NO SOMOS MENOS FEMINISTAS POR ELLO. Que no es ni medio normal la cantidad de horas que pasa un niño frente a la tele, jugando a la consola y en manos de cuidadoras que no son PRECISAMENTE su familia; y que si no podemos estar el tiempo que cada una estime en la crianza de sus hijos,  es porque algo falla. Que queremos ser una presencia real en su formación como seres humanos, que nos ENCANTA SER MADRES y PROFESIONALES y NO QUEREMOS PAGAR EL PRECIO DEL MALDITO PATRIARCADO, que se lava las manos y nos abandona cuando nos embarazamos, mientras el resto del mundo calienta la silla en la oficina de forma improductiva pero políticamente correcta.

El derecho de pernada suele pasar por renunciar a nuestra carrera o al menos en la mayoría de los casos a seguir ascendiendo ¡EN LO MEJOR DE NUESTRA CARRERA!. Aquellas 50 mujeres demostraron en la investigación: Que tenemos el derecho a que nos guste hacer lo que la naturaleza nos ha regalado, SER MADRES y aquello para lo que nos han preparado CURRAR. Que no sólo nos vamos a comer la parte dura y fisiológica, que también queremos disfrutarla, y que resulta muy violento, de hecho INHUMANO, hacer elegir a una mujer entre su independencia económica y la crianza de sus hijos.

Queremos criar ciudadanos más conscientes, alimentados por nosotras, porque creemos que así se construye el mundo con el que soñamos. FROM EGO TO ECO. Para eso sólo necesitamos consciencia colectiva y apoyo.

Cada una decidirá cuanto peso le puede dar a cada lado de la balanza y, señorías, todas, especialmente las más comprometidas con su carrera, necesitamos apoyo, cobertura, derechos, comprensión, teletrabajo, horarios compatibles y amor, MUCHO AMOR, porque estamos CRIANDO EL FUTURO DE LA HUMANIDAD.

Hay que plantar amor para que crezca amor. Plantar dedicación para que crezca dedicación.

Un sistema social consciente de nuestra diferencia, debería apoyar a las empresas que concilian, las autónomas con hijos, las empresarias emprendedoras, los padres, los horarios, las ayudas públicas, los descuentos fiscales y todo un entramado que se responsabilice de los hijos de forma holística, desde la conciencia de RAZA humana, repartiendo tareas de forma razonable a unos y otros, (vamos que sólo hay que mirar a Suecia o Alemania para encontrar un sistema modélico que copiar, donde no hay brecha salarial y las mujeres y hombres disfrutan de la crianza de sus hijos).

Me temo que Señorías que, el patriarcado o se lo curra un poco, o vamos a empezar a implosionar reivindicando un lugar legítimo para nuestros derechos –cada una en la medida que considere porque no todas tenemos que ser iguales– para poder ser MADRES y DISFRUTAR A NUESTROS HIJOS, sin perder nuestro lugar en el MUNDO PROFESIONAL.

Esa el la gran conquista. Que todas podamos hacerlo, trabajar como lo que somos: MUJERES.

A ver si algún día por fin, dejamos de mirar hacia el norte de Europa con la mirada perdida, suspirando y preguntándonos porqué demonios no hemos nacido en Gotemburgo.

 

 

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SOBREVIVIR A LA GRIPE A

 

Si una madre media por lo general se siente sola, incomprendida y mal de pelo las tres cuartas partes de un día cualquiera, cuando cae en manos de una huracanada enfermedad semiseria y diabólicamente mediática como la Gripe A, esa madre media sale por los aires agarrada a las paredes de su casa –y a un bote de Apiretal– y, atravesando la tormenta se estrella de cabeza en un mundo nuevo, que no se parece en nada a Oz sino más bien a los Monegros. Un paisaje devastador se lo traga todo incluida su soledad, sus canas vistas, su miedo mudo y el termómetro electrónico ese que da una temperatura diferente cada vez que lo usas. Una vez allí la madre media, levantando una zanahoria a contraluz clama al cielo: ¡Cómo leches he llegado yo hasta aquí, si me iba de vacaciones por primera vez después un año…!. Entonces levanto la zanahoria y grito: ¡A Dios pongo por testigo que necesitaba vacaciones más que un corte de pelo decente! (Y Dios sabe que también lo necesito), ¡Qué narices, sí, por no decir otra cosa, es esto, Señorías!. Sitiados por las toses, los mocos y, horreur, un bebé delirando con temblores espasmódicos por la fiebre, esa madre en concreto, se despierta en mitad de una pesadilla la noche que da comienzo este relato hace ahora 15 días. Sí hay noches que no las supera ni Stephen King, me refiero a que son las 3 a.m, con 3 graditos centígrados ahí fuera y un bebé delirando, esa madre le dice a su santo ¿Qué hacemos, nos vamos a urgencias?. Después de darle vueltas –literalmente al niño– le enchufamos Apiretal y decidimos encoger el alma hasta que amanezca, –mañana le llevamos al pediatra. En esto que la mayor se levanta con la mirada perdida, –Me he hecho pis– le tocamos la frente y arde como el Hades, maldición,  y justo en ese momento a esa madre le llega un Whatsapp de su madre, la abuela: Estoy de camino al hospital no paro de sangrar por la nariz, creo que he pillado la gripe A esa en tu casa. En ese momento tu cuerpo se descompone en tres, tu madre sola en el hospi, tu hija tiradísima en el sofá y tu hijo delirando en tus brazos. ¿Qué hacer cuando todos te necesitan Señorías?, ¿está el multitask femenino preparado para este tipo de eventualidades?. Entonces repartes Apiretal y a contar minutos con el móvil en la mano. Según la luz del amanecer avanza por el salón, empiezas a ver un bonito repertorio de postales de vacaciones imposibles en los que tu familia disfruta en lugares inusitados en una vida paralela. Deliciosos titulares y daikiris y neones ilustran vuestro periodo vacacional, al más puro estilo ciudadano Kane, entonces la bruja del Este prende una cerilla y lo quema todo, postales de la playa incluídas, mientras escuchamos su risa malvada. –¡Jajaja, ¿Vacaciones de Semana Santa?!, pero serás pardilla pareces nueva… Y el día amanece y tu padre recoge 24 horas más tarde a tu madre y así, bajo el diagnóstico de la gripe A, pasamos los siguientes 11 días, contemplando a la primavera posarse en los árboles y levantar el vuelo sin poner un pie en la calle más que para ir a la farmacia o visitar a la abuela, (antes de su segunda visita al hospital, que afortunadamente acaba con final feliz). Para colmo los soldados van cayendo, la que limpia, la cuidadora, los abuelos, los vecinos, incluso el pediatra que se iba a San Juán, todos menos mamá caen en el sumidero infinito de la gripe. ¿Y qué le preocupa a esta madre media?: Que su bebé no come, que dejó de engancharse al pecho, los mocos, perder la lactancia, la innombrable bronquiolitis, ir al hospital en mitad de la noche, las cifras de muertos de la Gripe A del 2010, el año que le queda de puerperio, la donación que iba a hacer al Hospital Niño Jesús, la tensión de la abuela que está en 19, el fantasma del ictus, los hongos, la deshidratación, la tos crónica, las mentiras de Nestlé, la obsesión por la crianza natural, la temperatura ambiente, que los pediatras no sepan nada de lactancia, los atentados de Bruselas, el ISIS, su matrimonio y una cuenta corriente más escuálida que Kate Moss en los 90. Y SALIR, SALIR, SALIR DE CASAAAAAA. Pero, y a pesar de todo, esa madre media, ha sido capaz de poner otra muesca en la pared de su celda, pensando mientras despega el celo de las postales imaginarias de sus imposibles vacaciones: Mira, eso que nos hemos ahorrado. Ha salido el sol. Esa madre media se ha abrazado a sus polluelos y ha bendecido al Dios de las madres que los ha curado sin secuelas y manda un beso a su santo que es y ha sido el gran soporte de su increíble, terrible, abominable soledad. Eso sí lo del pelo hay que arreglarlo ya, porque, todo el mundo lo sabe, una madre todo lo puede con unas buenas mechas californianas.

Publicado en CRIANZA MAMÍFERA, el bebé tambien es un maímefero, NIÑOS Y NIÑAS DE 3 A 4 AÑOS | Etiquetado , , , , , , | 3 comentarios

Tú y el mundo del revés.

Nuestra historia fue más bien de amor a primera vista. Yo cogí en brazos tu cuerpo ligero y resbaladizo recién salido de mi vagina y me enamoré. Así de bestia. De cero a cien. Y ya no pude pasar ni un minuto sin tu mirada limpia, tu dulce sonrisa, esa risa constante. Fuimos uno en todas nuestras tribulaciones y aunque sufrí como si me arrancaran la vida cuando te llevaron a la UCI, sólo el cielo sabe que desde que naciste no me separé de ti ni un instante. Aunque mis brazos no te pudieran sostener todo el rato, mi alma ya estaba enlazada a la tuya, mi pensamiento pegado a tu respiración, mis ojos en tus ojos, tu corazón latiendo dentro mío. Ya han pasado 9 meses y sigo latiendo con tu respiración, respirando con tu latido y viviendo feliz porque tú existes en este mundo. Un mundo que estalla en primaveras cada vez que tú te ríes y puedo asegurar que lo haces todo el tiempo. Siempre supe que un hijo destaparía mi alma y traería una felicidad que llenaría  mi mundo conocido de todo lo desconocido, que se me derretirían las ideas con soló escuchar la palabra mamá; pero lo que nunca imaginé es que dos hijos harían explotar ese mundo conocido en un estallido de colores nunca vistos. Nos has traído el caos y la risa. La alegría y una especie de adolescencia que nos hace sentir mariposas revoloteando al rededor de todo lo que te pasa. Has sacado la mejor versión de tu hermana, que ahora te adora. La mejor parte de tu padre que te ama con locura y mi mejor yo, que vivo para adorarte mi príncipe de las mareas, mi dulce cachorrito… eres el gran héroe de nuestras pequeñas batallas contra lo cotidiano, nuestra vida es mil veces más VIDA de lo que nunca imaginamos. Felicidades principito mío a tus 9 meses ya nos has puesto el mundo del revés, que falta nos hacía.

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