mi madre

IMG_6351Fueron suyos los primeros tacones que me puse, me sobraba medio pie, pero aún así yo andaba como Naomi Campbell en la NY Fashion Week del 97, ser mi madre se sentía maravilloso. Desde entonces no he dejado de serlo, de ser mi madre. Son suyos la mayoría de mis gestos, la sonrisa y las manos. Suya es mi alegría, mis ganas de vivir, de tirarme a todas las piscinas, de subirme a todos los trenes y salir disparada lejos, si es posible en Concorde hasta la luna misma. Mi madre, ya se lo dije con 4 años en la cocina de la calle de la Palma, es una caballo dorado que dispara flechas de fuego al sol y sí, estoy orgullosa de estar cometiendo no los mismos, sino otros fallos en la crianza de mis hijos, que serán del mismo calibre, con la mejor de mis intenciones y esa sonrisa suya que ahora es mía y todo lo puede. Mi madre es mi mejor consejera y a veces también la peor, mi ONG, mi paño de lágrimas, mi punch de boxeo, enfermera, cuidadora, cocinera, psicóloga, clown de mis hijos y hasta prestamista, lo hace todo y todo es TODO, por nosotros, por eso y de este modo tan modesto, he decidido hacerle un pequeño homenaje en este pedacito de internet, porque las madres se lo merecen TODO y se lo decimos muy poco. TE QUIE RO MAMA no dejes nunca de darme la brasa, regañarme por ir descalza, aconsejarme que me tape, abrazarme con besos de abuela, hacerme croquetas de jamón y darme consejos de madre que caen como cubos de agua, no podría vivir sin ellos. Gracias a ti tengo un modelo maravilloso para seguir  descalabrándome por la maternidad, porque ya he visto que con usa sonrisa, mucho valor y la mejor de las intenciones al final siempre sale todo bien, y si no, como dices siempre tú, es que no era el final.

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El Mundo


Telmo tiene el mundo en sus manos. Ha descubierto que cabe en su manita y puede hacer lo quiera con él. –El mundo es tuyo, le digo, y él se lo cree: Es su pequeño poder. Él todavía cree. Puede contemplarlo, rebotarlo contra las paredes, tirárselo a su hermana, chuparlo, rodarlo y por supuesto mejorarlo. –El mundo es un lugar maravilloso, le digo mientras apago las noticias de ayer, metiendo bajo su alfombra de juegos lo que pasó en Niza o en Ankara, las opiniones de Donald Trump, el agujero de la capa de Ozono y lo que  se le hace con los  genitales femeninos en 28 países de África. Entonces sonrío sólo de puertas para fuera, mientras me pregunto si la palabra correcta sigue siendo “maravilloso”. Telmo juega con el mundo, se lo pasa a su hermana y lo vuelve a coger, es su pequeño poder. Entonces abro la cortinas y dejo que el sol inunde nuestro salón, pongo Just Like Heaven de los Cure y  los agujeros de la palabra maravilloso se rellenan con las primeros acordes y las risas de Telmo y su hermana, que propone jugar a pintar con las manos, –¿Pintar qué?, le digo. –Un mundo más bonito que este, responde muy seria, un mundo con dibujos animados y macarrones de chocolate, un mundo rosa y naranja. Les miro, tienen una dura labor por delante, arreglar este lugar llamado Tierra, que les estamos dejando, porque cuando descubran lo que pasa ahí fuera se les va a romper el corazón. Por eso estoy aquí con ellos, para conseguir que nuestro pequeño mundo, al menos, sea maravilloso. Por eso me reduje la jornada, me cogí una excedencia y renuncié a más de la mitad de mi sueños personales, para que algún día ellos tengan las armas, para enfrentarse al gran mundo y hacer algo en la medida de su indignación, algo por rellenar los agujeros de la palabra maravilloso. Quería ayudarles, regalarles una guía, iluminar otro camino, la cara B del single, porque si hay algo verdaderamente milagroso en este shitty world, son las personas. El mundo quizá esté jodido hijos míos, pero quedamos las personas. Sólo hay que hacer un recorrido por las fotos de tu vida. Las personas que pasan por tu biografía dejan huella, como pasos en la arena, y es justo ese camino, el que conduce a un mundo mejor, lleno de luz y de poemas anónimos, de palabras y sobre todo de hechos. Una aquarela, que como decía Toquinho,  descolorirár.

Dedicado a Luiz Carlos que llenó nuestra vida de colores maravillosos y dejó un mundo para que sigamos coloreando. In memoriam.

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enfermeras buenas y enfermeras diabólicas

imagesNada, que no me quito el cartel de primeriza. (Me cuelga del cuello junto el de: we are open 24h). Pero ahora soy primeriza de dos y sigo cometiendo los mismos primeros errores de toda primeriza. Empiezo a sospechar que con hijos siempre se es. En fin, que nos hemos ido a vacunar y, por ahorrar en paseos y atascos y unificar criterios, se me ha ocurrido pinchar a los dos juntos al centro de vacunación del General Oraa. Y, señorías, ha sido una pésima experiencia. Lo primero que me ha soltado una enfermera del antiguo régimen es que “eso” (y con “eso” me refiero a dar de mamar) no se hace aquí, que hay una sala para “eso” (dar de mamar a mi bebé), fuera, allí donde no pueda incomodar a nadie, cerca de Mordor. No soy una fundamentalista, pero muy educadamente, le he explicado, que es que soy de Marte y en mi planeta a los niños les damos de mamar hasta los dos años, que nuestra asociación de pediatría lo recomienda y lo hacemos a menudo, muchas, famosas marcianas incluidas, que me perdone, pero no sabía que “aquí” estaba mal visto alimentar a tu hijo de la forma más óptima, que es como dicta mi naturaleza. Me excuso educadamente, pero sigo dando de mamar, teniendo en cuenta que no hay nadie más en la sala y busco un pañuelo para taparme, excusándome porque no pensaba que pudiera incomodar a ningún terrestre. La tía me pone cara de póker. Me indica que me acerque con el bebé. Saca las tres agujas y elevando el tono hasta el de todos los dictadores de este mundo, desde su posición de sargenta de la clínica de general Oraa, empieza a dar órdenes como si estuviera dirigiendo la evacuación del Titanic. –¡Coja al niño!, ¡sujétele!, (El niño claro, se acojona).– ¡Verá que se pone a dar patadas, sujétele bien señora, por dios, con fuerzas!. Al niño no le ha pinchado y ya está llorando como un loco. Me voy a levantar  y se la clava la muy perra. Parecía Glen Close persiguiendo al señor Douglas, la misma saña, la misma cara de sádica. –¡Que lo coja le digo!. –Oiga mire, le respondo, ¿no ve que el pequeño está sufriendo?. –Todos lloran, me suelta desde el fondo de su área cavernosa. Por no empeorarlo, le abrazo, le beso y le digo a la bruja del Este. –Pínchele la última por favor y nos vamos. Cojo a mi pequeño mar de lágrimas y le beso y le acurruco y como el pequeño busca el pecho, ahí mismo le pongo al pecho mientras mi pequeña (le hermana mayor) se me agarra a la pierna como diciendo yo ahora paso. –Ahora tu, dice la bruja. Y yo le respondo que le va a vacunar la otra enfermera, la buena, la rubia, la que está a su lado, si no le importa, porque no va a poner sus manazas encima de ningún otro hijo mío, ya se hunda el Titanic. Le hecho una perorata sobre donde acaba y empieza la libertad de cada uno, citando a Eric From, a DR Sears y al Presidente de la Asociación Española de Pediatría, que resulta que es mi pediatra, y me voy con mi teta fuera, como si fuera la libertad guiando al pueblo,me monto en mi barca y me voy con Delacroix escuchando a los Sex Pistols y diciendo a contraluz: “A Dios pongo por testigo que en cuanto llegue a casa voy a escribir un post, que te vas a cagar bruja maldita, no vas a volver a tratar a otra madre así, vete a infantilizar al tío que te paga, ah que soy yo, pues eso, que se nos trate con RESPETO señorías, una palabra que debería sujetar la vida de cada ser humano, empezando por su infancia”.

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“Derecho al placer”, la tierra prometida

1200.jpgNo hace tanto que las mujeres éramos ciudadanas de segunda división. Sometidas a la voluntad del patriarcado, no podíamos votar o abrir una cuenta bancaria y los hijos eran patrimonio del esposo de turno, junto con nuestro cuerpo, que se adquiría bajo contrato matrimonial. Vivíamos mutiladas en todos los ámbitos del intelecto y el placer, en un estado muy cercano a la esclavitud. Gracias a esa lucha a corazón abierto que protagonizaron aquellas valientes sufragistas, nosotras, hoy, podemos votar, disfrutar de la sexualidad y trabajar como hombres. Y ahí radica el GRAN problema. Ellas llegaron lejos, pero no lo suficiente para entrar en la tierra prometida. La tierra prometida está en el norte, concretamente en los países escandinavos. Las mujeres actuales de aquí, nos dedicamos a trabajar como hombres cobrando como mujeres y sufriendo el stress de la maternidad, exhaustas, como si fuera un estado crónico de la mujer, un sino de nuestro género.

Mal, lo mires por donde lo mires.

ENTONCES SEÑORÍAS:  ¿Porqué a nadie se le ha ocurrido que a lo mejor podemos ser infinitamente más felices y productivas si en lugar de trabajar como un hombre trabajáramos como… ¡una mujer!?

A la clase política y empresarial se le llena la boca hablando de la IGUALDAD, pero es como si intentaran decir Pamplona con un polvorón en la boca y una copa balón en la mano. La igualdad está más pasada que la lycra. Los tiempos modernos, Señorías, requieren hablar de la DIFERENCIA. Todavía es raro ver mujeres en puestos de decisión, y cuando alguna llega, hay una rastro de renuncia y dolor en su mirada, que ni ella misma es capaz de reconocer. Y aún así ole sus huevos, porque a ellas, como a todas, les habrá costado –excepciones a parte– el doble de esfuerzo y la mitad de pasta.

La buena noticia es que el cambio ya está en marcha–por algo somos tías–. Las mujeres de mi generación al llegar a la maternidad nos estamos  dando cuenta de la GRAN FARSA: Y es que el mercado laboral no nos encaja por ningún sitio, es un traje de tweed y nuestras caderas están a punto de estallar. Vivimos sofocadas, frustradas, ahogadas y cagándonos de culpa. No llegamos a nada, y nos mordemos la laca de las uñas de pura envidia cuando, en Salvados,  las rubicundas suecas nos restriegan lo bien que lo hacen allí con sus dos años de baja para criar minisuecos, que luego así salen de hermosos y majos, uno de los pueblos más conscientes y avanzados del mundo, mientras ellas prosperan en el mundo laboral.

Se necesita construir un nuevo modelo de trabajo basado en la DIFERENCIA. Somos muy rápidas, podemos hacer más de una cosa a la vez y se ha demostrado que nuestro coeficiente y resolución, nos convierten en los mejores trabajadores de la cuadrilla, ¿qué necesitamos además de una equiparación de sueldos y un portátil decente?, que se le haga un hueco a nuestra maternidad, ¿Por qué?:

PORQUE TENEMOS DERECHO AL PLACER. SÍ SEÑORIAS.

“Al placer” es la última de nuestras grandes conquistas femeninas, ya nos pasó con el sexo, ahora le toca a la maternidad. La mayoría de mujeres que conozco, abogadas, arquitectas, cirujanas, profesoras, creativas, ingenieras, amas de casa, periodistas, actrices, directivas, deportistas, juristas o le que les salga del susodicho ser, están en crisis con su maternidad, ¿porqué?, porque han descubierto que de todas las actividades de su vida laboral, no hay nada comparable a llevar una vida por debajo de la piel, parirla y criarla. ¡TOMA YA PATRIARCADO!. Hace unos meses hice una investigación con un grupo de 50 madres, 50 profesionales como la copa de un pino, cada una viviendo su maternidad como puede y su carrera como le dejan. Todas con la lengua fuera. Las conclusiones además de demostrar que son unos seres humanos excepcionales, que necesitan unas mechas decentes y una semana de spa, fueron las siguientes: Criar un hijo es un proyecto personal que compite con cualquier obra pública, humanitaria o social, porque es un reto delicioso y emocionante equiparable a descubrir la vacuna del cáncer o poner un pie en la Luna. Que estamos fascinadas. Que no nos lo esperábamos. Y que estamos SOLAS.

Las mujeres estamos descubriendo que nos encanta dar el pecho, dormir, cuidar y cantar nanas a nuestros preciosos “proyectos personales”. Que nos preocupa su alimentación, su educación, su autoestima y su felicidad y no estamos dispuestas a que nos lo arrebate el puto patriarcado con su traje de tweed, porque NOS FASCINA. Sí, Y NO SOMOS MENOS FEMINISTAS POR ELLO. Que no es ni medio normal la cantidad de horas que pasa un niño frente a la tele, jugando a la consola y en manos de cuidadoras que no son PRECISAMENTE su familia; y que si no podemos estar el tiempo que cada una estime en la crianza de sus hijos,  es porque algo falla. Que queremos ser una presencia real en su formación como seres humanos, que nos ENCANTA SER MADRES y PROFESIONALES y NO QUEREMOS PAGAR EL PRECIO DEL MALDITO PATRIARCADO, que se lava las manos y nos abandona cuando nos embarazamos, mientras el resto del mundo calienta la silla en la oficina de forma improductiva pero políticamente correcta.

El derecho de pernada suele pasar por renunciar a nuestra carrera o al menos en la mayoría de los casos a seguir ascendiendo ¡EN LO MEJOR DE NUESTRA CARRERA!. Aquellas 50 mujeres demostraron en la investigación: Que tenemos el derecho a que nos guste hacer lo que la naturaleza nos ha regalado, SER MADRES y aquello para lo que nos han preparado CURRAR. Que no sólo nos vamos a comer la parte dura y fisiológica, que también queremos disfrutarla, y que resulta muy violento, de hecho INHUMANO, hacer elegir a una mujer entre su independencia económica y la crianza de sus hijos.

Queremos criar ciudadanos más conscientes, alimentados por nosotras, porque creemos que así se construye el mundo con el que soñamos. FROM EGO TO ECO. Para eso sólo necesitamos consciencia colectiva y apoyo.

Cada una decidirá cuanto peso le puede dar a cada lado de la balanza y, señorías, todas, especialmente las más comprometidas con su carrera, necesitamos apoyo, cobertura, derechos, comprensión, teletrabajo, horarios compatibles y amor, MUCHO AMOR, porque estamos CRIANDO EL FUTURO DE LA HUMANIDAD.

Hay que plantar amor para que crezca amor. Plantar dedicación para que crezca dedicación.

Un sistema social consciente de nuestra diferencia, debería apoyar a las empresas que concilian, las autónomas con hijos, las empresarias emprendedoras, los padres, los horarios, las ayudas públicas, los descuentos fiscales y todo un entramado que se responsabilice de los hijos de forma holística, desde la conciencia de RAZA humana, repartiendo tareas de forma razonable a unos y otros, (vamos que sólo hay que mirar a Suecia o Alemania para encontrar un sistema modélico que copiar, donde no hay brecha salarial y las mujeres y hombres disfrutan de la crianza de sus hijos).

Me temo que Señorías que, el patriarcado o se lo curra un poco, o vamos a empezar a implosionar reivindicando un lugar legítimo para nuestros derechos –cada una en la medida que considere porque no todas tenemos que ser iguales– para poder ser MADRES y DISFRUTAR A NUESTROS HIJOS, sin perder nuestro lugar en el MUNDO PROFESIONAL.

Esa el la gran conquista. Que todas podamos hacerlo, trabajar como lo que somos: MUJERES.

A ver si algún día por fin, dejamos de mirar hacia el norte de Europa con la mirada perdida, suspirando y preguntándonos porqué demonios no hemos nacido en Gotemburgo.

 

 

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SOBREVIVIR A LA GRIPE A

 

Si una madre media por lo general se siente sola, incomprendida y mal de pelo las tres cuartas partes de un día cualquiera, cuando cae en manos de una huracanada enfermedad semiseria y diabólicamente mediática como la Gripe A, esa madre media sale por los aires agarrada a las paredes de su casa –y a un bote de Apiretal– y, atravesando la tormenta se estrella de cabeza en un mundo nuevo, que no se parece en nada a Oz sino más bien a los Monegros. Un paisaje devastador se lo traga todo incluida su soledad, sus canas vistas, su miedo mudo y el termómetro electrónico ese que da una temperatura diferente cada vez que lo usas. Una vez allí la madre media, levantando una zanahoria a contraluz clama al cielo: ¡Cómo leches he llegado yo hasta aquí, si me iba de vacaciones por primera vez después un año…!. Entonces levanto la zanahoria y grito: ¡A Dios pongo por testigo que necesitaba vacaciones más que un corte de pelo decente! (Y Dios sabe que también lo necesito), ¡Qué narices, sí, por no decir otra cosa, es esto, Señorías!. Sitiados por las toses, los mocos y, horreur, un bebé delirando con temblores espasmódicos por la fiebre, esa madre en concreto, se despierta en mitad de una pesadilla la noche que da comienzo este relato hace ahora 15 días. Sí hay noches que no las supera ni Stephen King, me refiero a que son las 3 a.m, con 3 graditos centígrados ahí fuera y un bebé delirando, esa madre le dice a su santo ¿Qué hacemos, nos vamos a urgencias?. Después de darle vueltas –literalmente al niño– le enchufamos Apiretal y decidimos encoger el alma hasta que amanezca, –mañana le llevamos al pediatra. En esto que la mayor se levanta con la mirada perdida, –Me he hecho pis– le tocamos la frente y arde como el Hades, maldición,  y justo en ese momento a esa madre le llega un Whatsapp de su madre, la abuela: Estoy de camino al hospital no paro de sangrar por la nariz, creo que he pillado la gripe A esa en tu casa. En ese momento tu cuerpo se descompone en tres, tu madre sola en el hospi, tu hija tiradísima en el sofá y tu hijo delirando en tus brazos. ¿Qué hacer cuando todos te necesitan Señorías?, ¿está el multitask femenino preparado para este tipo de eventualidades?. Entonces repartes Apiretal y a contar minutos con el móvil en la mano. Según la luz del amanecer avanza por el salón, empiezas a ver un bonito repertorio de postales de vacaciones imposibles en los que tu familia disfruta en lugares inusitados en una vida paralela. Deliciosos titulares y daikiris y neones ilustran vuestro periodo vacacional, al más puro estilo ciudadano Kane, entonces la bruja del Este prende una cerilla y lo quema todo, postales de la playa incluídas, mientras escuchamos su risa malvada. –¡Jajaja, ¿Vacaciones de Semana Santa?!, pero serás pardilla pareces nueva… Y el día amanece y tu padre recoge 24 horas más tarde a tu madre y así, bajo el diagnóstico de la gripe A, pasamos los siguientes 11 días, contemplando a la primavera posarse en los árboles y levantar el vuelo sin poner un pie en la calle más que para ir a la farmacia o visitar a la abuela, (antes de su segunda visita al hospital, que afortunadamente acaba con final feliz). Para colmo los soldados van cayendo, la que limpia, la cuidadora, los abuelos, los vecinos, incluso el pediatra que se iba a San Juán, todos menos mamá caen en el sumidero infinito de la gripe. ¿Y qué le preocupa a esta madre media?: Que su bebé no come, que dejó de engancharse al pecho, los mocos, perder la lactancia, la innombrable bronquiolitis, ir al hospital en mitad de la noche, las cifras de muertos de la Gripe A del 2010, el año que le queda de puerperio, la donación que iba a hacer al Hospital Niño Jesús, la tensión de la abuela que está en 19, el fantasma del ictus, los hongos, la deshidratación, la tos crónica, las mentiras de Nestlé, la obsesión por la crianza natural, la temperatura ambiente, que los pediatras no sepan nada de lactancia, los atentados de Bruselas, el ISIS, su matrimonio y una cuenta corriente más escuálida que Kate Moss en los 90. Y SALIR, SALIR, SALIR DE CASAAAAAA. Pero, y a pesar de todo, esa madre media, ha sido capaz de poner otra muesca en la pared de su celda, pensando mientras despega el celo de las postales imaginarias de sus imposibles vacaciones: Mira, eso que nos hemos ahorrado. Ha salido el sol. Esa madre media se ha abrazado a sus polluelos y ha bendecido al Dios de las madres que los ha curado sin secuelas y manda un beso a su santo que es y ha sido el gran soporte de su increíble, terrible, abominable soledad. Eso sí lo del pelo hay que arreglarlo ya, porque, todo el mundo lo sabe, una madre todo lo puede con unas buenas mechas californianas.

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Tú y el mundo del revés.

Nuestra historia fue más bien de amor a primera vista. Yo cogí en brazos tu cuerpo ligero y resbaladizo recién salido de mi vagina y me enamoré. Así de bestia. De cero a cien. Y ya no pude pasar ni un minuto sin tu mirada limpia, tu dulce sonrisa, esa risa constante. Fuimos uno en todas nuestras tribulaciones y aunque sufrí como si me arrancaran la vida cuando te llevaron a la UCI, sólo el cielo sabe que desde que naciste no me separé de ti ni un instante. Aunque mis brazos no te pudieran sostener todo el rato, mi alma ya estaba enlazada a la tuya, mi pensamiento pegado a tu respiración, mis ojos en tus ojos, tu corazón latiendo dentro mío. Ya han pasado 9 meses y sigo latiendo con tu respiración, respirando con tu latido y viviendo feliz porque tú existes en este mundo. Un mundo que estalla en primaveras cada vez que tú te ríes y puedo asegurar que lo haces todo el tiempo. Siempre supe que un hijo destaparía mi alma y traería una felicidad que llenaría  mi mundo conocido de todo lo desconocido, que se me derretirían las ideas con soló escuchar la palabra mamá; pero lo que nunca imaginé es que dos hijos harían explotar ese mundo conocido en un estallido de colores nunca vistos. Nos has traído el caos y la risa. La alegría y una especie de adolescencia que nos hace sentir mariposas revoloteando al rededor de todo lo que te pasa. Has sacado la mejor versión de tu hermana, que ahora te adora. La mejor parte de tu padre que te ama con locura y mi mejor yo, que vivo para adorarte mi príncipe de las mareas, mi dulce cachorrito… eres el gran héroe de nuestras pequeñas batallas contra lo cotidiano, nuestra vida es mil veces más VIDA de lo que nunca imaginamos. Felicidades principito mío a tus 9 meses ya nos has puesto el mundo del revés, que falta nos hacía.

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271 días y medio de amor loco

wpid-wp-1436441950530.jpegAmor agotador, delicioso, asfixiante, tierno, expansivo, abrumador… 271 días de aprender a ser cuatro, a simultanear dos mundos, a mantenerles a salvo de ellos mismos, a desdiscutir entre nosotros y a llevar las 6.504 horas de vuelo como una medalla al valor en la solapa del chandal (que por cierto no consigo quitarme), como una de esas monedas de alcóholicos anónimos que rezan: 271 días  limpios, prácticamente entregados a la causa. Una causa deliciosa y exigente con sus días y sobre todo con sus noches, que las costumbres y necesidades del pequeño T (8meses) no tienen nada que ver con las de su hermanísima J (3 años), a la que por cierto adora y viceversa. Las siestas no coinciden, los baños se duplican, las cenas son circenses y la casa podría aterrizar todos los días en modo tornado sobre el país de Oz . Es casi imposible llegar a la noche indemnes. Hace meses que no sentimos los riñones y los brazos ya los quisiera Rambo (ahora todos se duermen en brazos). En todo este tiempo hemos perdido un diente (de leche), rodado por las escaleras, practicado la maniobra de ahogamiento, aplacado rabietas explosivas, sacado cacas con forceps y aspirado todas las piezas de lego para hacerlas desaparecer como si fuera un accidente. Dicen que cuando el bebé cumple 9 meses es el verdadero final del embarazo. Que tras los 9 meses in útero, vienen otras 40 semanas en las que el pequeño termina de hacerse outdoors. (Como no somos Bambi, nacemos a medio hacer. Producto de la evolución del hombre y ponernos a 2 patas, nuestra enorme cabeza ya no cabía entre unas caderas que estrecharon el canal del parto de las hembras de nuestra especie, así que nacemos a medias). En fin, que creo que nos damos por re-paridos y semi graduados en la nueva vida de 4, depre post parto/UVI, incluída, vamos quiero decir, superando lo presente. Estamos agotados, apenas pegamos ojo, nos cruzamos por los pasillos, dormimos en modo trinchera uno con cada cachorro, pero NO les voy a engañar señorías, esto ES el paraíso. Ver como la niña abraza al bebé, le da el pecho a sus muñecas, ayuda con el niño y se hace cargo de  situaciones duras con una sabiduría que no hubiera alcanzado de otra forma, supera todas las expectativas de los manuales de psicología infantil. Además de los placeres de volver a dar el pecho, disfrutar de esa intimidad, ese silencio, ese olor, esa conexión, esa ternura, esas primeras risotadas, mientras tu hija hace lo mismo con su muñeca de trapo… Volver a degustar todas esas primeras cosas maravillosas sabiendo lo que viene después. Verles jugar, revolcarse y reír, hacer el bollo en una amalgama de brazos, pies y risas, todo al borde de la hecatombe y  el trapecismo, apunto de aplastarse, abrirse la crisma, arañarse, besarse, colapsasarse y abrazarse al mismo tiempo, es la esencia de una felicidad en auténtico Stereo Dolby Surround. Quizá no volvamos a hablar entre nosotros hasta que tengan 14 años. Quizá no volvamos a ver a nuestros amigos hasta los Juegos Olímpicos de Madrid. Pero eso sí, soñamos con la noche loca que nos dejen ver una peli (no cuenta Disney), sin que haya que pasear niños en brazos, discutir en el intermedio o caer como soldados derrotados sobre el viscoelástico sin posibilidad de resucitar al tercer día.

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Saquemos a nuestros hijos del armario

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Nos creemos muy guays porque defendemos los derechos de los perros y las ballenas, apoyamos el matrimonio gay y nos encadenamos a los árboles, pero a nuestra sociedad le traen sin cuidado todos los seres humanos cuando nacen. Como los bebés no pueden hablar, que se jodan. Y sus madres, que se apañen como hacen todas (todas menos las alemanas y las suecas, y las que deciden renunciar voluntariamente, vamos las que pueden, y o quieren, a costa de sus carreras e ingresos). Y así nos pasa, las mujeres nos embarazamos, parimos, consumimos nuestras 16 semanas y entonces qué, miramos al tendido y decimos: ¿es una broma, no?, ¿en serio tengo que abandonar a mi bebé de 4/5 meses que depende literalmente de mi cuerpo, que necesita mi leche y mi presencia para salir adelante, para poder seguir siendo un trabajador y mantener mi independencia económica?, eso señorías, se llama DESIGUALDAD. Es más, es CRUEL y VIOLENTO y lo damos por sentado. Yo no conozco a ninguna madre que no haya llorado al dejar a su bebé para volver al trabajo. Porque señorías, ese primer día, cuando te separas de tu bebé y le escuchas llorar mientras te alejas, sin mirar atrás para que no te vea llorar a ti, es desgarrador y no debería darse por sentado. ¿Este es el mundo tan guay que hemos creado? Un mundo laboral cortado a la medida de los hombres en el que nadie ha hecho un hueco a la maternidad, como si fuera cosa de las mujeres. Un mundo PARA ADULTOS, sin solidaridad, PENSADO POR HOMBRES, para lograr que las OSADAS mujeres que se reproducen vuelvan cuanto antes a ser células de la cadena de producción como UNO MAS. Corrijo: COMO UN HOMBRE MÁS. Sin pararse a contemplar que puede ser una opción personal querer compaginar de verdad la carrera con la maternidad. Sin tener que elegir uno u otro. Porque señorías, a algunas nos apasiona nuestro trabajo, nos hemos dejado la piel en nuestra profesión y al mismo tiempo, sentimos la responsabilidad de la maternidad y el deseo de estar con nuestros hijos porque somos conscientes de cuanto nos necesitan. Las mujeres necesitamos SER ESCUCHADAS porque somos una generación de mujeres insatisfechas, e hijos insatisfechos, nunca los niños habían pasado tanto sin sus padres.

Que se debería poder ser madre y trabajadora es lo que ha venido a poner sobre la mesa Carolina Bescansa hoy. Un gesto que muchas y muchos aplaudimos independientemente de sus ideas políticas. Que la guardería no tiene porqué ser la GRAN opción universal, cuando todas las teorías modernas de crianza señalan la importancia de la lactancia (La Asociación Española de Pediatría, y la  AMERICAN ACADEMY OF PEDIATRCIS, entre otras, recomiendan dos años de lactancia). Los métodos modernos como Attachment parenting, CRIANZA CON APEGO, método canguro o crianza respetuosa, señalan los riesgos de la separación temprana para un recién nacido y la psicología moderna y la nurociencia, lo respalda. Y más allá de todo, EL DERECHO DEL RECIÉN NACIDO A PERMANECER CON SU MADRE Y EL DERECHO DE SU MADRE A CRIARLO, SI ASÍ LO DESEA, debería ser apoyado por una sociedad solidaria, porque todos hemos sido niños y a nosotros sí que nos han CRIADO nuestras madres, algo que los tiempos modernos han convertido en un privilegio.

El mundo necesitaba que alguien pusiera sobre la mesa este problema: tendría que estar contemplada la opción de que una madre no quiera dejar a su bebé de 5 meses en una guardería donde a esa corta edad se va a pasar la mañana llorando, le van a enchufar un biberón de fórmula y puede enfermar porque su sistema inmunitario es inmaduro (el Dr García Sicilia presidente de la La Asociación Española de Pediatría recomienda esperar hasta que acabe su primer ciclo de vacunas entre mínimo 12, idealmente 18 meses). Tiene que haber una opción para la madre que quiere trabajar y criar al mismo tiempo. La mamá que no quiere abandonar su carrera, le encanta su trabajo y a la vez quiere criar a su bebé, debería ser tan respetable como la que desea incorporarse y dejar a su hijo al cuidado de otro. Algunas sociedades como la sueca, son un fantástico ejemplo de que se puede. Sociedad en la que, por cierto, apenas hay brecha salarial por motivo de género.

Me parece alucinante que sea noticia que una madre con un bebé tan pequeño acude a su trabajo con él. Me parece una falta de respeto que se forme semejante revuelo y que se la trate como se la está tratando. ES UN GESTO POLÍTICO, POR SUPUESTO QUE LO ES, y es la voz de muchas madres que como ella, necesitan ser escuchadas en ese mundo vociferante y desangelado. Parece como si lo de tener hijos, que no deja de ser una función social, fuera cosa nuestra.

Es necesario hablar de ello. Bajas de maternidad más largas, permisos para el padre, jornadas adaptadas y compatibles con los horarios de los colegios, ayudas a las empresas que contraten mujeres en jornadas reducidas, deducción de impuestos, flexibilidad y comprensión. Algunas lo vamos consiguiendo a base de mucho sacrificio y por supuesto algo de renuncia, algunas tenemos la inmensa suerte de disfrutar de trabajos flexibles, jefes comprensivos o profesiones más o menos orgánicas, pero la mayoría no.

Aún así pienso que se puede. Ojalá esto sea el comienzo de un cambio de conciencia. Estamos pidiendo a gritos la gran revolución: LA REVOLUCIÓN DEL NACIMIENTO, quizá si empezamos a ocuparnos de nosotras y nuestras necesidades, quizá si nos atrevemos a sacar nuestra crianza del armario, llegaremos a crear un mundo en el que todo tenga cabida, empezando por ellos.

Se lo debemos a las hijas de nuestras hijas.

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Mi muerte espera entre las flores

urlYa está aquí ese primer lunes del año que nos permite sacar los trapos sucios de las navidades y tenderlos al sol para recuperar poco a poco la calma y el sosiego post navideño. Todo esa carga de emociones encuentra su silencio en el invierno, aunque este invierno parezca primavera. Pero sucede… por fin soltamos las riendas de los caballos desbocados. Regresa la rutina y con ella la calma. Y los niños se ordenan y el matrimonio se vuelve a tapar con la colcha de la calma nupcial y los contenedores desbordados de cajas de juguetes se vacían. Este lunes que suele servir de trampolín para nuestro buenos propósitos, amanece con la noticia de la muerte de Bowie y eso lo cambia todo. Es un aleteo sutil que, como todo lo sutil, contiene un tsunami irreprimible. La impermanencia de ser madre y tener 40 años. Bowie se ha muerto para recordarme que debería desempolvar la memoria de años pasados y empezar a vivir como si sólo hubiera un presente, porque la vida te pega un esquinazo repentino, y  todas esas cosas tan graves que nos pasaban, ya no tienen importancia. Voy a tatuarme esta frase: NADA ES TAN GRAVE. Los años pasan y los niños crecen y nosotros nos hacemos más pequeños porque mezclamos la edad con el inmovilismo y entonces de golpe nos hacemos mayores, más mayores de lo que nunca fueron nuestros padres.Vivimos fuera del tiempo, en un eterno futuro que no llega porque lo alejamos nosotros. Hacemos “todo” como puente para alcanzar la siguiente pantalla, y así se nos pasa de largo de la vida. Suelo leer a Thich Nhat Hanh cuando le doy el pecho a mi hijo T para calmar la respiración y hacer las paces con el presente. De ese modo siento que la leche y mi calma van juntas y el niño se duerme más tranquilo. He entendido que fregamos la taza para tomarnos un té, y tomamos el té para ir a trabajar, y trabajamos para salir a comer y el presente se nos escapa entre los dedos como agua sin usar.  Vivimos una cómoda muerte. Nos perdemos todos los días de nuestros hijos, si no somos capaces de disfrutar del momento de dormirles. Nos perdemos su infancia, si no disfrutamos de hacer los deberes con ellos o de leer otra vez el mismo cuento de cada noche, porque eso, precisamente es nuestra vida. La felicidad no se saborea a toro pasado. Se vive o no se vive. Punto.  Las madres nos agobiamos diciendo hasta gastar la frase, que no tenemos tiempo para nosotras, con lo fácil que sería coger todo el tiempo que invertimos en nuestros hijos y hacerlo nuestro. Dejar de agobiarnos por todo lo que nos falta por hacer. Si le doy el pecho a mi hijo durante 40 minutos son 40 minutos míos que voy a disfrutar con él. Si le leo tres veces el mismo cuento lo voy a hacer sólo por el hecho de hacerlo y no como un pasadizo que quiero acelerar a ver si veo una peli, me hago las uñas o arreglo el armario, voy a decir la palabra mágica: DESPUÉS. Después no existe. Vivir par después no es vida. Así que este es mi propósito para este año: Voy a intentar vivirlo. Sin fuegos artificiales. Sin grandes expectativas. Sólo caminado descalza por lo largo y ancho de sus días, viviendo cada instante en un esfuerzo por echar el ancla en el presente para no perderme ni una sola de las tardes de mis hijos, que también son mías. Voy a ser yo siendo todo lo demás. Voy a decirle a la muerte que como a Bowie me espere entre las flores, porque no hay peor muerte que la muerte en vida, querido año nuevo: mi tiempo es mío y no voy a dejar que los hombres grises se lo lleven al reino de las flores. Bueno, lo voy a intentar…images

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Madres desperfectas

imagesimagesimagesPoco a poco voy entendiendo que mi hijo es mío, que nadie me lo va a quitar, que no existe una invasión multisideral de virus y bacterias terroristas que arrebatan bebés de las amorosas manos de sus madres. Poco a poco voy entendiendo que lo que pasó en la UCI de Neonatos fue sólo un escollo, una muesca, un episodio cero que guardar al fondo del baúl de los recuerdos polvorientos, algo que no airear demasiado, salvo para dar GRACIAS y poner rumbo a Oz a velocidad de crucero. Poco a poco voy haciéndome con los mandos de esta nave de dos hijos únicos (todos los hijos los son), que me requieren a partes iguales en momentos simultáneos, que me quieren y me llenan como universos que es expanden y se mezclan en sesión continua. Las galaxias de sus mundos empiezan a entrar en interacción y eso señorías es la savia de la vida misma. Ya comparten naves, princesas, abrazos y jugos vitales, que van de la saliva al vómito sin que se me pare la respiración. Ya se abrazan y giran y caen al suelo en festivales de carcajadas. Mis naves han tomado tierra, mis soldados se han ido a tomar café. Un profunda expiración desaloja mi alma de toda la ansiedad del pasado. Ya no sufro (tanto) por todo. Mi bebé tiene seis meses de vida (¡aleluya!), hemos llegado a la primera base (que dicen los Yankees) y una parte de mí ha dejado de hiperventilar ante el terror mudo de una invasión vírica. Les parecerá una obviedad, pero para una madre que le quitan a su hijo nada más nacer es todo un principio, y digo principio porque no es que haya despedido al miedo, es que hemos empezado a negociar. El miedo y la culpa son los enemigos invisibles de mis tropas espaciales. Pero ahora me agarro las tripas y tiro para delante porque voy entendiendo que no se trata de aguantar la respiración hasta que pase la tormenta, sino de aprender a bailar claqué sobre el huracán. Los huracanes vendrán, (la crianza es huracanada) pero el arco iris también, y estas tardes de amor al cobijo de la chimenea, de castañas y galletas, de besos y canciones de John Cage y Rosa León, dejan impresa en mi alma una deliciosa sensación de estar viva. Quizá cargue para siempre esta pequeña mochila de temores, quizá ya no me parezca en nada a la madre que había imaginado, pero empiezo a degustar el raro placer de ser una madre sumamente imperfecta.

 

 

 

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